Buitres, esos grandes desconocidos que planean sobre nosotros - SEO/BirdLife

Buitres, esos grandes desconocidos que planean sobre nosotros

El 4 de septiembre se celebra el Día Internacional de los Buitres, un grupo de aves que no dejan indiferente a nadie por su tamaño y aspecto, pero ¿qué especies son las que hay detrás de esta denominación? 

Buitres negros, buitres leonados, quebrantahuesos y alimoches sobrevuelan los cielos de España, un enclave crucial para la conservación de estas aves necrófagas en Europa. ¿Sabías que en nuestro país se reproduce alrededor del 98% de la población europea de buitre negro, el 94% de buitre leonado, el 82% de alimoche y el 66% de la población europea de quebrantahuesos? 

Buitres negro, leonado, quebrantahuesos y alimoche común son las cuatro especies de buitres europeos, y España es un lugar imprescindible para asegurar la conservación de sus poblaciones,  ya que en el resto de Europa estas especies están extinguidas en muchos países o sus poblaciones son muy pequeñas y mucho menos diversas.  Además, su presencia es uno de los grandes atractivos para el turismo de naturaleza en nuestro país, 

Conocer más sobre estas especies es crucial para adoptar medidas de conservación, y en esta línea de trabajo, SEO/BirdLife publicaba en 2019 el último censo de buitre leonado junto con el censo de buitre negro, quebrantahuesos y alimoche común. 

 

Buitre leonado en vuelo. © J. Bécares

Buitre leonado, el más abundante 

La población reproductora de buitre leonado en España en la actualidad es de 31.000-37.000 parejas y el número de ejemplares podría estar entre los 95.000 y los 122.000, según el último censo realizado por SEO/BirdLife realizado en 2019 “El buitre leonado en España. Población y método de censo” 

Los resultados de este censo reflejan una situación un tanto fuera de lo normal frente a la de otras especies de buitres y frente al estado de las aves carroñeras en otros países. La población de buitre leonado en España actualmente se encuentra entre 30.946-37.134 parejas. Si se mantuviera en la actualidad la proporción de población reproductora frente a la no reproductora calculada en anteriores ocasiones para obtener el número de individuos, el número de ejemplares de buitre leonado en España en la actualidad podría estar cercano a los 95.930-122.542 ejemplares. Esta población se distribuye por 2.544 colonias y 533 parejas que crían de forma aislada.  

Buitre negro, alimoche y quebrantahuesos

Buitres negros. SEO/BirdLife

Entre 2017 y 2018 también fueron censadas en España el resto de las especies de buitres.  El buitre negro en 2017 contaba con 43 colonias y 6 parejas aisladas, sumando hasta 2.544 parejas. Según el último censo de SEO/BirdLife estimamos una población de 2.544-3.140 parejas. Se distribuye en 7 comunidades autónomas y 14 provincias. Hasta hace muy poco el área de reproducción del buitre negro se limitaba al suroeste de la Península Ibérica y al norte de las Islas Baleares, pero el trabajo de reintroducción de la especie en Cataluña ha sido exitoso y hay un nuevo y pequeño punto de reproducción en Lleida. Además, se está trabajando en la reintroducción en la provincia de Burgos, en la sierra de la Demanda. Hay estimaciones de la población desde la década de 1970, éstas reflejan un aumento constante desde el principio. En los últimos años (2006-2017), el aumento a nivel nacional es del 30,57%. 

Desde 1997 SEO/BirdLife realiza el seguimiento de una colonia de buitre negro situada en la ZEPA Alto Lozoya en Rascafría, en el Parque Nacional Sierra de Guadarrama en Madrid, la cuarta colonia más grande de España tras las de la Sierra de San Pedro, Monfragüe (Extremadura) y Cabañeros (Castilla-La Mancha). En este enclave se ha situado una webcam done se pueden seguir en directo el día a día de una pareja de buitre negro.  

La población de alimoche común en España en 2018 es de 1.490-1.567 parejas. La tendencia general es ligeramente positiva con respecto al censo nacional anterior. Se han detectado 38 nuevos territorios seguros en comparación con 2008 (aumento del 3%) y solo 11 más si la comparación se considera territorios probables y seguros. En la década anterior (1998-2008) hubo un aumento del 10%. En esta situación, podríamos hablar de un aumento muy leve y posiblemente constante en las últimas décadas, pero que tiende a estancarse a escala estatal. A pesar de este aumento general, es importante tener en cuenta que hubo una disminución en 17 provincias, estable en otras 16 y en los 17 restantes la población ha aumentado. 

Por otra parte, desde la desaparición del quebrantahuesos en Andalucía en 1986, la población quedó relegada a los Pirineos; siendo, en la actualidad, la única población silvestre de la especie en la Europa sudoccidental. El quebrantahuesos ha mantenido una tendencia creciente en el número de unidades territoriales, desde que se comenzó con los seguimientos poblacionales en la década de los 80 del pasado siglo. 

Si bien, en los últimos cinco años, se ha observado una clara ralentización del crecimiento. En el año 2014, en la vertiente meridional del Pirineo, los territorios probables y seguros eran: 137 y 122, respectivamente, llegando a volar 30 pollos, durante 2018, el número de territorios probables fue de 141, mientras que los seguros llegaron a 125, con un total de 37 pollos volados. Andalucía, Asturias y el Maestrazgo de Teruel y Castellón, junto a los Ports de Tortosa Besseit (Cataluña), están desarrollando proyectos de reintroducción de la especie. Así, a la población pirenaica hay que sumar los dos territorios de Andalucía en 2018 y el establecimiento de un territorio en Asturias, formado por una hembra reintroducida y un ejemplar silvestre. 

Amenazas y necesidades 

Alimoche ©Bruno Berthemy

Las principales amenazas a las que se enfrentan estas especies son  la muerte por colisión contra líneas eléctricas y aerogeneradores a causa de la nueva expansión de energías renovables no responsables, donde el buitre leonado es la especie más afectada con un 35% de las aves localizadas en centrales eólicas; la desaparición de la ganadería extensiva, especialmente de ganado ovino, que tradicionalmente ha sido la mayor fuente de alimento de las poblaciones ibéricas de buitres; el uso de fármacos de uso veterinario y el veneno como recientemente alertábamos desde el proyecto Life Guardianes de la Naturaleza a través de un spot sobre el daño que produce el envenenamiento de la fauna y cómo afecta a su vez al ser humano. 

Por ello, es necesario favorecer la ganadería extensiva para que no se pierda y sea rentable; y que ésta siga encontrando en estas especies un aliado que cumple una importante labor en los ecosistemas, eliminando los cadáveres que podrían ser focos de enfermedades y reduciendo el acceso de estos a otras especies que podrían ser vectores de transmisión de patógenos al ganado doméstico. Para esto es de suma importancia que se potencie el establecimiento de las condiciones para el depósito de cadáveres de reses domésticas de nuevo en el campo, aplicando la normativa que lo permite desde 2011 en las denominadas Zonas de Protección de Necrófagas. Y por otra parte, es imprescindible que de desarrollen mecanismos ágiles que compensen los posibles daños que se produzcan a los ganaderos y pastores en aquellas zonas donde pueda haber algún evento de depredación por situaciones particulares, contemplando el lucro cesante y una adecuada baremación económica de las compensaciones.  

Esto no significa que los buitres ataquen a ejemplares vivos y sanos de ganado, sino que en situaciones de reses enfermas o en casos en los que los partos se complican los buitres pueden acudir en masa y en la vorágine de la carroña pueden comenzar a comer en heridas o placentas y terminar de matar ejemplares débiles, heridos o recién nacidos sin fuerza para levantarse. Son estas situaciones las que hay que intentar evitar, llevando unas buenas prácticas ganaderas de vigilancia del ganado y garantizando que los buitres tengan un buen acceso a alimento, especialmente durante la época reproductora, que es cuando más necesidades tróficas tienen. 

Además, es necesario de eliminar las sustancias que generan perjuicios a los buitres a través de la alimentación como productos veterinarios, como el diclofenaco, y el plomo en las piezas de caza abatidas y continuar con las medidas para la lucha contra el uso de cebos envenenados. 

Por último, hay que recordar que entre los servicios ecosistémicos que nos prestan los buitres, están los de evitar que se emitan decenas de miles de toneladas de CO2 a la atmósfera como consecuencia de la recogida, transporte e incineración de los cadáveres de ganado que consumen y que de otra manera debían ser incinerados, tal y como se hacía durante los años en que se prohibió su depósito en el campo. Por lo tanto, constituyen también unos magníficos aliados en la lucha contra el cambio climático, tal y como se publico en la revista Nature en 2016,  Supplanting ecosystem services provided by scavengers raises greenhouse gas emissions.

“La falta de consumo de ganado muerto por carroñeros a través de la recolección y transporte de cadáveres por camiones a plantas procesadoras representó viajes por 49,808,685 km y la consecuente emisión de 77.344 toneladas métricas de CO2a la atmósfera por año. Eso sin tener en cuenta las emisiones por incineración” 

 

 

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