No es fácil digerir todo lo que estamos viendo y viviendo en el entorno político, a todos los niveles y en todos los ámbitos.
Pero si ponemos la lupa en la política ambiental en este país la realidad es vejatoria.

No se discute: la pérdida de biodiversidad y el cambio climático son los dos grandes riesgos sociales del siglo XXI. Las conclusiones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) no dejan lugar a dudas. Por su parte, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) –el equivalente al IPCC en materia de recursos naturales– ha concluido que la continuada y seria pérdida de biodiversidad está reduciendo ya la capacidad de la naturaleza para contribuir al bienestar de la ciudadanía.

Las consecuencias de un clima cada vez más inestable hacen más difícil la conservación de nuestra diversidad biológica y, a su vez, el deterioro de los ambientes naturales retroaalimenta y agrava los efectos del cambio climático. En este escenario, en España, las políticas climáticas y de conservación de la biodiversidad deberían ser centrales por urgencia social.

Preocupa que, en el país europeo más vulnerable al cambio climático y el más rico en biodiversidad, la inmensa mayoría de nuestra política ambiental reciente se reduzca a escasas palabras vacías en contados discursos. Podría calificarse como un mero y estético postureo ambiental. Inquieta revisar la acción ambiental reciente.

En campaña electoral, y salvo honrosas excepciones, la política ambiental brilla por su ausencia en boca de los principales líderes políticos de este país. Es más, el medio ambiente no estuvo presente en ninguno de los requeteanunciados y esperados debates televisados y televisivos. Incluso algunos líderes políticos del país -por supuesto no todos-, que en un primer momento dijeron sí a debatir sobre medio ambiente en un conocido programa de radio, dieron un paso atrás en el último momento. No son líderes políticos del siglo XXI.

En el Congreso ha sorprendido la capacidad de renuncia e incluso los cambios de posición en la defensa ambiental de unos y de otros. Desde las primeras proposiciones no de ley en favor del carbón –un golpe en la línea de flotación de la ambición climática– a la renuncia de Ciudadanos de su única bandera ambiental, lo que llevó al traste un importante punto de consenso electoral de toda la oposición: favorecer el autoconsumo. Lo ocurrido últimamente con la protección de la biodiversidad es, si cabe, más grave y decadente: salvo Unidos Podemos, Esquerra y Compromís, todos los partidos políticos admitieron a trámite cambiar la Ley de Patrimonio Natural e indultar a ciertas especies exóticas invasoras. Se trata de una decisión que va en contra de una sentencia del Tribunal Supremo y del criterio científico, avalado por más de 600 investigadores y 90 sociedades. Y, sin embargo, fue una decisión ampliamente apoyada, que ha generado incluso insólitas alianzas: los irreconciliables PDeCAT y PP votando juntos para empobrecer el patrimonio natural de todos. Inaudito. Los partidos políticos se han quedado en el siglo XX.

 

Mientras los ingresos del país alcanzan los niveles de 2009, en medio ambiente el gasto es casi un 70% menor que entonces

 

En el Gobierno de la nación, la Ley de Presupuestos Generales del Estado es la prueba del algodón, la norma que revela las verdaderas prioridades del Ejecutivo. Y las últimas cuentas presentadas en el Congreso desarman cualquier posibilidad de actuar, tanto en cambio climático como en la defensa de la biodiversidad. Todo ello a pesar de la archilaureada recuperación económica. El poder adquisitivo de la naturaleza se desmorona. Mientras los ingresos del país alcanzan los niveles de 2009, en medio ambiente el gasto es casi un 70% menor que entonces. Eso sí, el gasto en defensa no social aumenta. Los presupuestos corresponden al siglo XIX y…

Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife

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