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Orientaciones para asegurar una gestión adecuada de los gatos

Sobre la problemática de los gatos domésticos en libertad

 

Introducción

La evidencia científica sobre el impacto de los gatos (Felis catus) como depredadores de aves, reptiles, pequeños mamíferos o grandes insectos es abundante. Los gatos domésticos asilvestrados o aquellos que tienen acceso al exterior de las viviendas son depredadores oportunistas que pueden cambiar fácilmente de presa (Bonnaud et al., 2011), cazan presas silvestres (Dickman., Newsome 2015), matan miles de millones de aves y mamíferos cada año (Loss et al., 2013) y albergan una serie de enfermedades que afectan a la salud humana y de la fauna salvaje (Lepczyk et al., 2015; Chalkowski et al., 2019).

El mayor impacto de los gatos ha sido ampliamente documentado en medios insulares  (Medina et al., 2011; Medina, Nogales, 2009; Nogales et al., 2013; Ratcliffe et al., 2010). Entre otras afectaciones, está probado que su introducción en islas es corresponsable de, al menos, el 14% de las extinciones modernas de aves, mamíferos y reptiles ocurridas en territorio insular a escala global; y constituyen la principal amenaza para casi el 8% de las  aves, mamíferos y reptiles considerados en peligro crítico por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (Medina et al., 2011).

También existe abundante información sobre el daño que provocan los gatos que deambulan libremente y depredan sobre las poblaciones de aves silvestres y otra fauna en zonas continentales (Marra, Santella, 2016; Loss et al., 2013). Se estima que estos gatos están implicados en la amenaza o extinción de al menos 430 especies (Doherty et al., 2016). Junto a los roedores, constituye el principal grupo de mamíferos depredadores invasores.

Además de la depredación, los gatos ejercen efectos no letales sobre la reproducción y la supervivencia induciendo el estrés inmune en la fauna silvestre. De hecho, se ha comprobado mediante indicadores del sistema inmune que provocan una reducción de hasta el 38% en la barrera inmune (Navarro et al., 2004). Otro estudio demuestra que, en presencia de gatos, el aporte de alimento que llevan algunas aves a sus pollos queda reducida en un 33-40% y  además incrementa el riesgo de depredación por córvidos que son atraídos a los nidos por las llamadas de alarma de sus habitantes (Bonnington et al., 2013). En un modelo poblacional se ha demostrado que, incluso cuando aún siendo la depredación leve (<1), el impacto en la fecundidad, aunque también sea igualmente baja, tiene marcadas consecuencias en el declive poblacional, de hasta el 95%, en algunos casos (Beckerman et al., 2007). Es definitiva, la mera presencia de gatos causa un estrés y una disrupción en la ecología del comportamiento de las aves, pudiendo causar alteraciones severas.

Otras afectaciones asociadas a su deambulación libre en el medio, natural y urbano, están asociadas a su papel como vectores de parásitos y otros patógenos a la fauna silvestre, en algunos casos amenazada. Uno de los ejemplos más relevantes es el del lince ibérico, muy sensible a los patógenos transmitidos por gatos domésticos que deambulan en el medio natural dentro del hábitat del felino endémico (Roelke et al., 2008; Meli et al., 2009).

Además, se ha podido comprobar que existe un cierto grado de hibridación entre los gatos domésticos y las poblaciones de gatos monteses. Esta hibridación es significativa en ciertas regiones de Europa y, aunque parece mucho menor en la península ibérica (Gil-Sánchez et al., 2015; Fernández et al., 1992), representa un riesgo que no puede despreciarse, habida cuenta de la deriva genética que provoca en los monteses.

Por último, existen una serie de efectos sobre la salud humana, en particular sobre la salud mental, que parecen tener parositosis como, por ejemplo, la toxoplasmosis. Si bien existe evidencia científica sobre estos efectos, este documento se centra en los efectos en la biodiversidad.

 

Tipos de poblaciones de gatos domésticos

A los efectos de este documento, se categorizan cuatro tipos de poblaciones de gato:

  • Gatos asilvestrados (cimarrones): No tienen contacto con el ser humano y, cuando lo hay, lo rehúyen. Subsisten, principalmente, de las presas que ellos mismos cazan. Pueden habitar tanto en ciudades como en medio natural. No tienen propietario o responsable identificable.

 

  • Gatos urbanos: Pueden tener mayor o menor grado de docilidad, pero guardan una dependencia con el ser humano para su alimentación bien sea a través de la explotación de basuras, del consumo de alimentos almacenados o de la alimentación voluntaria por parte de personas. Se trata, en su mayoría, de poblaciones o colonias urbanas o periurbanas, aunque también pueden coexistir en el medio rural. No disponen de propietario o responsable identificable. En determinados lugares, se regula mediante la responsabilidad de la administración pública y la gestión cuenta con apoyo popular.

 

  • Gatos sueltos: Son gatos domésticos, pero que divagan en mayor o menor grado por el exterior del domicilio. Su alimentación depende del ser humano, pero, como las dos categorías anteriores, tienen la posibilidad de cazar. Se trata de animales identificados y, por tanto, con propietario o responsable también identificable.

 

  • Gatos de compañía o domésticos: Salen raramente al exterior del domicilio y, si lo hacen, están controlados. Su alimentación depende exclusivamente del alimento proporcionado por sus propietarios o responsables. Existe gran diversidad de instalaciones que mantienen a este tipo de gatos con acceso al aire libre, pero sin posibilidad de escape.

 

Las tres primeras categorías son gatos que circulan libremente y comparten territorio geográfico –de forma permanente o parcial– con otras especies silvestres, sea en medio urbano o natural. Todas ellas tienen un mayor o menor impacto en la biodiversidad (por depredación, competencia, transmisión de enfermedades y u otras causas).

Las segundas y terceras categorías se benefician, además, de subsidios (comida, refugio y cuidados por parte de humanos). Su población no depende de factores ambientales, tales como la abundancia de presas o la depredación, competencia o enfermedades. Por tanto, las densidades de estas dos categorías pueden llegar superiores a las que podrían sostener los hábitats naturales.

En la segunda categoría se incluirían las colonias felinas constituidas por gatos comunitarios, según la terminología más utilizada. Estos serían casos en los que se ejerce un cierto manejo por parte de personas, colectivos o autoridades, tales como proporcionar alimento, atención veterinaria y abrigo ante las inclemencias. En algunos casos, estos grupos de gatos están sometidos a esterilización y posterior suelta, lo que se ha denominado con diversas siglas: CER (captura, esterilización y retorno), CES (captura, esterilización y suelta), TNR (trap, neuter, return) y TER (trampeo, esterilización, retorno), entre otras.

Al respecto, conviene recordar que los gatos en estado silvestre no forman verdaderas agregaciones (Spotte et al., 2014) y que su comportamiento gregario está solo asociado a la interacción con el ser humano.

 

Singularidad de los impactos según los distintos tipos de población felina considerados

La literatura científica no avala la suposición de que las colonias de gatos tienden a desaparecer en el tiempo, como consecuencia de la esterilización de sus individuos (Castillo, Clarke, 2003; Crawford, 2019; Longcore, 2009; Nutter, 2006) Las condiciones necesarias para que esto ocurra (porcentajes muy altos de esterilización y nuevas entradas en las colonias nulas o muy bajas) son muy difíciles de alcanzar. Tampoco se reportan evidencias sólidas que avalen la disminución de la depredación cuando se aporta alimento de forma regular (Hernández, 2018), ni sobre la posibilidad de que las colonias manejadas resistan la invasión de otros congéneres.

Por otro lado, se ha comprobado que, si bien la tasa de depredación que producen gatos sueltos es inferior a la provocada por los gatos asilvestrados, su impacto local es entre 28 y 52 veces más alto (Legge et al., 2020) debido a su mayor densidad.

En este mismo sentido, Crooks y Soulé (1999) calcularon que el territorio que ocupan una o dos parejas de un depredador autóctono llega a estar ocupado por 35 gatos en un área periurbana. Todo ello, en definitiva, supone un incremento en cuanto a depredación y a exclusión competitiva.

Además, la mayoría de los estudios realizados sobre gatos sueltos han llegado a calcular el impacto sobre las presas, visualizando las aportadas a sus hogares. De hecho, se ha comprobado que matan incluso cuatro veces más presas de las que aportan a su hogar (Loyd et al., 2013; Morling, 2014), por lo que las investigaciones efectuadas sobre esa base suponen una  significativa infravaloración.

Considerando las tres primeras categorías, la comunidad científica ha discutido si las poblaciones de gatos que circulan libremente por el medio suponen un impacto negativo en las poblaciones de pequeños vertebrados. O si, por el contrario, se trataría simplemente de una mortalidad compensatoria. Es decir, si se trata en realidad de animales que, de todas formas, iban a morir por otra causa inminente. Hawkins et al. (1999) comprobaron que, en zonas con gatos que reciben aportes de alimento y cuidados, la presencia en el medio de pequeños vertebrados naturales es inferior a la de fauna antropófila e introducida, aunque también sean presas habituales de los  gatos.

Por otra parte, lejos de pensar que el impacto de las fuertes densidades de gatos en libertad tiene un efecto local, existen evidencias de un problema más amplio, asociado a que esas localidades actúen como efecto sumidero. Esto puede suceder en áreas urbanas, interviniendo como sumideros de áreas naturales próximas (Baker et al., 2005; Balogh et al., 2011). También se ha constatado en ambientes insulares con efectos en las aves marinas (Smith et al., 2002; Bonnaud et al., 2009).

 

Enfoque estratégico

Se presentan dos niveles de interés para la gestión de los gatos domésticos:

  1. Sobre el bienestar animal. Según la literatura científica, los gatos pueden sufrir abusos y crueldad y corren más riesgos en un medio abierto que cuando restringen sus movimientos al interior de los domicilios o de centros de acogida. En particular, en el caso de las colonias de gatos, presentan esperanzas de vida más corta, mayor nivel de parasitemia y una condición corporal deteriorada (Lepczyk, 2010).
  2. Sobre la conservación de la biodiversidad.  Existen indiscutibles evidencias del impacto que provocan en otras comunidades de la vida silvestre. Su depredación actúa tanto sobre aves como sobre otros tipos de presas. Incluso pueden intervenir sobre otros carnívoros en la transmisión de patógenos.

 

Acciones estratégicas

El control y gestión de la población de gatos en el exterior de las viviendas es una tarea difícil y compleja. Aparecen una serie de dimensiones biológicas, legales, culturales, institucionales, ecológicas, históricas, científicas, económicas, éticas, políticas y sociales  que, pese a su dificultad, deben ser encajadas. A pesar de la dificultad que entraña, las políticas públicas deben asegurar que la población de gatos, fuera del ámbito doméstico, se reduzca a su mínima expresión. De esta forma se podrían asegurar unos estándares de gestión más adecuados teniendo siempre en cuenta el bienestar animal.

Con el objeto de compatibilizar la tenencia de gatos con la protección de la biodiversidad, SEO/BirdLife realiza las siguientes sugerencias:

  • La tenencia de gatos siempre ha de desarrollarse en condiciones controladas,  impidiendo su libre acceso al espacio no domiciliario. Ha de garantizarse que están previamente esterilizados (excepto en el caso de estar autorizados como criadores) y debidamente identificados, imponiéndose la obligatoriedad de dicha identificación y de un control adecuado con el fin de  asegurar su cumplimiento.

 

  • Está demostrado que las poblaciones o colonias de gatos en el medio urbano suponen un riesgo para la biodiversidad. Por tanto, no deben promoverse. Las administraciones públicas han de dotarse de la normativa necesaria al efecto. De esta manera se podría asegurar que los gatos domésticos realizan su actividad en el interior de los domicilios  de sus dueños y no en las calles o en el medio natural.

 

  • A través de planes municipales o herramientas similares, los ayuntamientos –o las administraciones competentes– deben identificar todas las colonias felinas. Así se podrían establecer medidas precisas para su progresiva reducción a corto o medio plazo. El objetivo final sería la ausencia de gatos sin hogar en el municipio o área.

 

  • En las islas de tamaño reducido (menos de 30 km2) se aconseja la prohibición de la tenencia de nuevos gatos. De igual manera, asegurar que los ya presentes en esas estas islas no puedan abandonar el domicilio de sus dueños.

 

  • En islas de mayor tamaño (más de 30 km2) es fundamental asegurar la esterilización de todos los gatos domésticos. Se trata, además, de una cuestión que es aconsejable extender al conjunto del territorio nacional. En el caso de gatos destinados a la cría, su tenencia se podría articular a través de una debida acreditación del criador, con la correspondiente justificación y control de la actividad. En estos territorios, el mantenimiento de colonias o poblaciones gestionadas de gatos puede tener un impacto muy severo sobre la biodiversidad y, en consecuencia, han de evitarse.

 

  • Es recomendable la extracción del medio natural, por los medios adecuados y garantizando las condiciones de bienestar animal, de todos los gatos asilvestrados en islas y otros espacios de importancia para la conservación de las especies (entre otros, espacios protegidos o entornos urbanos con presencia de especies del Catálogo Estatal  de Especies Amenazadas). Preferentemente, los capturados deberían ser esterilizados y llevados a un centro especializado, tras un control sanitario previo.

 

  • Aquellas agregaciones de gatos que no se encuentren en la situación anterior podrán ser gestionadas in situ, siempre que la colonia no presente crecimiento poblacional y que todos los individuos estén debidamente identificados, esterilizados y en buen estado de salud. Las nuevas incorporaciones de gatos a las colonias deberán ser registradas. Los individuos capturados serán llevados a un centro especializado. Las condiciones básicas para determinar las colonias cuya gestión puede llevarse a cabo in situ debe ser objeto de un desarrollo reglamentario.

 

  • Aquellas colonias que se gestionen in situ, pero que, aun cumpliendo las condiciones anteriores, puedan generar conflictos con la fauna silvestre o con la seguridad o salud de las personas, deberán contar con un cerramiento que evite la salida y entrada de ejemplares. En el caso de que se encuentren en un espacio en el que puedan depredar sobre la fauna silvestre, tendera que incluirse, además, medidas que eviten o reduzcan significativamente esta depredación.

 

  • Es necesario acometer campañas de sensibilización ciudadana. Abordar tanto los impactos que generan los gatos en el medio natural, como la necesidad de mantenerlos en condiciones que no supongan un menoscabo para la conservación de la biodiversidad.

 

Para la implementación de estas actuaciones, SEO/BirdLife aboga por un desarrollo normativo participado por la sociedad civil. De esta forma se pueden lograr consensos adecuados, que prioricen la conservación de la biodiversidad autóctona y propicien una transición adecuada y la consolidación de buenas prácticas. Las entidades dedicadas a la conservación de la biodiversidad y aquellos colectivos preocupados por el bienestar de los animales hemos de trabajar activamente en la construcción de estos consensos.

Cualquier normativa o política sobre bienestar animal que no evite los impactos sobre la fauna silvestre incumplirá su misión. Puede poner en riesgo los esfuerzos realizados en la conservación de la biodiversidad y puede, además, incumplir con el marco legal ambiental vigente.

SEO/BirdLife desaconseja la práctica de la captura, esterilización y suelta habida cuenta que la literatura científica no avala su efectividad. Asimismo, y a pesar de que se puedan regular la existencia y gestión de colonias o poblaciones de gatos asilvestrados, urbanos o sueltos (incluyendo alimentación, cuidados, esterilización, vacunación y chipeado), esta práctica produce desajustes respecto a otros animales silvestres. Además, este tipo de alimentación normalmente está prohibida, al menos en espacios públicos o domésticos.

 

Actuaciones complementarias

  • Es conveniente realizar un informe exhaustivo con la información publicada disponible sobre todos los aspectos mencionados en los puntos anteriores.

 

  • Del mismo modo, es fundamental que toda normativa sobre este asunto priorice las necesidades de conservación de la biodiversidad. Es especialmente relevante en ámbitos insulares o de especial riqueza natural.

 

  • En aras a establecer mecanismos de participación ciudadana en las estrategias de control, es recomendable desarrollar sondeos de percepción social de la problemática. Bien a escala estatal o conforme a la escala de implementación de la acción,  este tipo de  análisis son positivos de cara a un mejor diseño de los procesos participativos y de las campañas de divulgación y concienciación que se desarrollen.

 

  • La concienciación e información al ciudadano sobre buenas prácticas en la tenencia de gatos resulta imprescindible. Es conveniente que cualquier acción en este sentido vaya acompañada de mecanismos de comunicación e información de servicio, al objeto de consolidar la efectividad de las medidas.

 

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