Mujeres científicas y ornitólogas - SEO/BirdLife

Mujeres científicas y ornitólogas

SEO/BirdLife, como organización conservacionista y científica, se suma un año más a la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero). En esta ocasión, lo hace recogiendo el valioso testimonio de tres investigadoras de su Comité Científico. Manuela G. Forero, Paola Laiolo y Beatriz Arroyo hablan de su experiencia y trayectoria, desde sus primeras inquietudes científicas siendo niñas hasta su momento profesional actual.

 

Este día es un recordatorio del papel clave que las mujeres y las niñas -como futuras investigadoras- desempeñan en el avance y desarrollo de la ciencia y la tecnología, y de que su participación debe ser fortalecida. Como muestra de apoyo y reconocimiento a todas las mujeres que se han abierto camino, a pesar de las dificultades, en el mundo de la ciencia, la investigación y la ornitología, hemos conversado con tres de las cuatro investigadoras que forman parte del Comité Científico de SEO/BirdLife.

Ellas relatan su experiencia como científicas reconocidas, sus comienzos, su vocación, las dificultades del camino, su percepción del papel de la mujer en el área del conocimiento que representan o sus referentes científicos femeninos. Son Manuela G. Forero, científica titular en la Estación Biológica de Doñana; Paola Laiolo, bióloga por la Universidad de Torino y Doctora en Biología por la Universidad de Pavia (Italia), y actualmente en la Universidad de Oviedo y el CSIC; y Beatriz Arroyo, científica titular del Instituto para la Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC). Maite Louzao, investigadora en el Área de Investigación Marina del Centro Tecnológico Experto en Innovación Marina (AZTI), no ha podido participar por problemas de agenda.

 

La llamada de la ciencia

La vocación profesional no siempre es temprana, a veces puede revelarse en la madurez, pero este no fue el caso de Manuela G. Forero. “He sido siempre una persona inquieta, con interés por ahondar en la explicación de los fenómenos que observaba a mi alrededor, así que quizás lo que primero sentí desde muy pequeña fue la inquietud por investigar”.

Recuerda la existencia de ese interés por la naturaleza ya desde muy pequeña, estimulado con el hecho de haber crecido en un entorno rural con gran valor ambiental. Decantarse explícitamente por la ornitología le llevaría, en cambio, algo más de tiempo. “El tema particular de las aves surgió siendo más mayor, antes de estudiar la carrera de Biología, y son el grupo animal con el que más he trabajado a lo largo de mi carrera. Pero al margen de esto, mi interés actualmente está más centrado en el estudio de procesos que en las especies, aunque siempre hay una afición particular por las aves”.

“El amor por la ciencia creo que siempre ha existido, pero se definió más a lo largo del estudio de la carrera, cuando realmente pude ver cómo podría ser mi vida profesional eligiendo esta opción”, reconoce Manuela, quien destaca que siempre tuvo apoyo familiar para hacer aquello le gustaba, “a pesar de no ser algo demasiado rentable económicamente, pero sí personalmente”. “Antes de terminar la carrera ya tenía contacto con investigadores a través de Doñana, y esto me permitió conocer cómo era la vida y el trabajo de un investigador en primera línea, así que no me costó mucho decidir, lo tuve muy claro”.

Manuela G. Forero en el laboratorio ©M. Forero

 

Paola Laiolo recuerda una temprana curiosidad por la observación de los fenómenos de la naturaleza y una precoz conciencia ecologista: “Desde muy pequeña me han fascinado las aves y la naturaleza en general, mucho antes de empezar a estudiarlos como bióloga. De pequeña tenía además una fuerte conciencia ambiental y estaba muy preocupada por la destrucción del medio ambiente”.

Su necesidad de desentrañar y ahondar en los secretos de la vida silvestre le han acompañado durante toda su vida. “Siempre me ha intrigado la naturaleza, aunque de pequeña no sabía bien qué era la investigación, o al menos la consideraba como parte de la exploración geográfica o la protección del medio ambiente. Mis padres tenían una orientación más de humanidades, pero siempre me han apoyado en mi carrera”, reconoce.

“A mí me interesaba la naturaleza desde relativamente pequeña (soy una de las muchas personas ‘tocadas’ por la influencia de Félix Rodríguez de la Fuente), pero el interés por la ornitología en concreto llegó a raíz de un campamento de verano organizado por Adena en Cazorla en 1983, donde conocí a un grupo de amigos con los que empecé a quedar los fines de semana para pajarear”, explica Beatriz Arroyo.

“La idea de ser científica siempre me ha motivado: me veía como una estudiosa del comportamiento animal (influida, sin duda por Gerard Durrell). Lo de la conservación llegó más tarde, con la confrontación directa con los problemas de las aves con las que trabajaba. Por ejemplo, llegar un sábado a anillar aguiluchos en nidos que habíamos visitado anteriormente, y encontrar los pollos muertos por la cosechadora”, relata la investigadora del IREC.

 

Limando dificultades

En la actualidad, menos del 30% de los investigadores en todo el mundo son mujeres. Según datos de la UNESCO (entre 2014 y 2016), solo alrededor del 30% de todas las estudiantes escogen estudios superiores dentro del campo de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y matemáticas. En el todo el mundo, la matrícula de estudiantes femeninas es particularmente baja en el campo de la tecnología, de la información y las comunicaciones, con un 3%; ciencias naturales, matemáticas y estadísticas, con un 5%, y en ingeniería, manufactura y construcción, con un 8%.

Paola Laiolo realizando trabajo de campo en la montaña ©P. Laiolo

Posiblemente, los prejuicios y los estereotipos históricos de género influyan en las niñas y mujeres para alejarlas de los sectores relacionados con la ciencia. En relación con la dificultad en abrirse paso en su área profesional Manuela Forero explica su caso: “Creo que he tenido suerte en el sentido que en el ambiente profesional en el que me desenvuelvo nunca he notado discriminación laboral por ser mujer. Las dificultades que he podido encontrar van más allá de mi ámbito laboral y vienen impuestas por la política social y de igualdad existente en nuestro país, sobre todo al principio de mi carrera y durante los años en que he tenido que dedicar más tiempo a mi vida familiar debido a la maternidad”.

En esta cuestión Paola indica: “Observo que por ser mujer el trato es a veces diferente. Ahora ya no tanto como cuando empecé, el mundo de la ornitología en particular ha sido dominado tradicionalmente por hombres, y lo mismo se puede decir del mundo académico en mi ámbito de estudio”.

Beatriz, por su parte, subraya algo muy importante para el desarrollo de su carrera : “Siempre tuve apoyo de mi madre, incluyendo económico, sobre todo durante la tesis y en los primeros años en Francia, donde mis ingresos eran superjustitos e inconstantes ya que encadenaba contratos relativamente cortos separados por periodos de sequía (mi primer contrato ‘largo’ de investigación fue en Escocia). Además del apoyo económico y emocional, mi madre siempre ha sido una inspiración y un ejemplo vital del significado de esfuerzo y perseverancia, algo que, con más o menos acierto, he intentado replicar en mi vida posteriormente”.

 

Fomento del talento femenino

A pesar de que en los distintos campos de la ciencia y la tecnología la balanza se decanta aún hacia el lado masculino, es creciente el número de mujeres que acceden a estás áreas del saber, y muy particularmente en aquellas relacionadas con las Ciencias Biológicas. La diversidad en la investigación amplía el número de investigadoras bien capacitadas, aportando su perspectiva, talento y creatividad al universo científico.

El papel de la mujer en la ciencia es tan importante como el del hombre, no es una cuestión de sexo, sino de científicos de calidad, y está más que demostrado que las mujeres pueden hacer ciencia de calidad excepcional igual que los hombres”, recalca Manuela. “Es una labor que no viene limitada por el sexo. La desigualdad histórica, ha limitado durante muchos años el acceso de la mujer a esta actividad y también su representación en los órganos que nos representan, pero afortunadamente esto está cambiando y las políticas que lo favorecen también”.

Paola también reconoce estos avances en la igualdad profesional entre géneros. “Ahora las cosas están cambiando hacia una mayor igualdad, diversidad y tolerancia, soy optimista con las nuevas generaciones, la brecha de género irá reduciéndose. Para ello es importante fomentar medidas de conciliación de la vida familiar y laboral para que el talento femenino no se pierda”, subraya.

La experiencia de Beatriz en cuanto a conciliación familiar es el ejemplo del ideal que habría que alcanzar: “Tuve la suerte inmensa de estar en el CEH, una organización con una política declarada de apoyo a los aspectos humanos de sus trabajadores, y con un jefe muy empático (Steve Redpath) en el momento vital en que quería tener hijos (mis dos hijos nacieron en Escocia). En el CEH, no sólo había una baja de maternidad de seis meses, sino que tuve la opción de elegir el tipo de trabajo y las condiciones laborales con las que quería reincorporarme tras la baja (el número de horas, la distribución, etc) sin que eso representara ningún coste para mi carrera”.

 

Beatriz Arroyo, investigadora en el IREC-CSIC ©B. Arroyo

 

En cambio, Beatriz subraya también una de las mayores barreras actuales para las jóvenes investigadoras: “Sigue siendo difícil compaginar la vida personal con la entrada en el ámbito científico. La edad media para conseguir trabajos estables en ciencia en nuestro país es muy alta (en las últimas oposiciones estaba cerca de los 48 años), y se espera que, hasta ese momento, trabajes al 150% para competir en una carrera salvaje por las pocas plazas o contratos que hay. Esto suele ser difícilmente compatible con tener hijos, lo cual puede suponer un conflicto interno importante para al menos algunas mujeres. Creo que haría falta que esto cambie, pero las soluciones que se han aportado hasta ahora, aun siendo bien intencionadas, no son adecuadas. Eso sí, creo también que, si se consigue, este es uno de los mejores trabajos que se pueda tener, donde se juntan el placer de la observación de la naturaleza, el placer del trabajo intelectual para la comprensión de la información obtenida, y la satisfacción de pensar que, al menos a veces, el conocimiento generado es útil para mejorar nuestro entorno o nuestra forma de relacionarnos con él”.

 

La niña investigadora

Los estereotipos sociales a veces condicionan las elecciones profesionales. La atracción hacia las Ciencias no es algo exclusivo de ningún género; por ello es fundamental que cada niña o niño siga su vocación sin condicionantes. Con su ya dilatada experiencia profesional, Paola Laiolo ofrece estimulantes palabras para cualquier niña que sienta la llamada de la investigación o de cualquier área de la ciencia, incluida la ornitología: “Le diría que estudie y luche para contestar a las preguntas que le surjan, y que tenga confianza en sí misma” .

“Que luche por ello, que disfrute cada paso, cada etapa, que es un camino largo y difícil en muchos momentos, pero que da mucha satisfacción, no solo el final, sino todo el proceso”, declara también Manuela.

 

Referentes femeninos

Si tuviera que escoger una científica que le haya servido de inspiración, Manuela se decantaría por referentes históricos de mujeres pioneras en el estudio de las aves como “Mónica Turner, Mary Waller, Margaret Morse…, y si en lugar de ornitólogas hablamos de ecólogas, el abanico se abre aun más”, confiesa.

Pero tampoco se olvida de las mujeres de hoy en primera línea de investigación: “Hay ornitólogas y ecólogas actuales de una categoría científica impresionante, no sabría decir cuál ha sido referente en mi trabajo, pero creo que debemos mencionar a científicas conocidas y que nos rodean como Beatriz Arroyo, Martina Carrete, Paola Laiolo, Ana Sanz, Ana Payo, Ainara Cortés….., todas ellas son fuente de inspiración y ejemplo para mí”.

“En mi carrera profesional mi referente femenino más temprano fue Jane Goodall (cómo no admirar a una mujer estudiosa del comportamiento de los primates, trabajando en condiciones difíciles en bosques africanos que parecen el referente idílico de la naturaleza salvaje desde la distancia)”, reconoce Beatriz. “Más tarde, han sido mujeres a las que he tenido más cerca, y cuyas virtudes humanas, además de las profesionales, he podido apreciar en la cercanía y en la amistad. Aunque hay muchas, destaco a Sarah Wanless (excepcional investigadora experta en aves marinas) y a Asunción Ruiz (directora ejecutiva de SEO/BirdLife), que han conseguido no sólo ser brillantes en sus carreras, sino ser capaces de brillar en sus cualidades humanas”.

Paola destaca sobre todo su admiración por científicas de la talla de las Premio Nobel Marie Curie o Rita Levi Montalcini . “Y como ornitólogas, no podría dejar de mencionar las compañeras del Comité Científico de SEO/BirdLife, que son un excepcional ejemplo para mi”.

 


Sobre las investigadoras

Manuela G. Forero es científica titular en la Estación Biológica de Doñana donde además dirige el Departamento de Biología de la Conservación y el Laboratorio de Isótopos Estables. Ha trabajado en el estudio de la ecología y conservación principalmente de las aves, y particularmente de aves marinas y rapaces, aunque también con otras especies. Durante la etapa más reciente de su carrera, sus investigaciones se basan principalmente en el estudio de la ecología trófica y espacial de aves marinas y las aplicaciones de los isótopos estables en Ecología. Sus publicaciones más recientes han arrojado luz sobre el uso que estas especies hacen de recursos de origen antrópico (pesqueros, vertederos) y su interacción con las actividades humanas.

Paola Laiolo es bióloga por la Universidad de Torino y Doctora en Biología por la Universidad de Pavia, en Italia. Desde 2004 investigo en España, en la Estación Biológica de Doñana primero y desde 2008 en la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Universidad de Oviedo). Sus investigaciones se centran en la Ecología Animal, siendo las aves, su comportamiento, la ecología y la evolución su modelo de estudio principal.

Beatriz Arroyo Realizó su tesis doctoral sobre la ecología y conservación del aguilucho cenizo en la Universidad de Oxford (Reino Unido). Posteriormente, trabajó como investigadora cuatro años en el Centre d´Etudes Biologiques de Chizé (CNRS, Francia) y durante seis años en el Centre for Ecology and Hydrology (NERC, Escocia, Reino Unido). En el 2006 obtuvo una plaza de Científico Titular del CSIC, y desde entonces trabaja en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (Ciudad Real).


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