El organigrama político andaluz y el medioambiente

Por José Eugenio Gutiérrez, Delegado Territorial de SEO/BirdLife en Andalucía.

«Medioambiente» no contó entre las palabras elegidas para incluirse en el nombre de alguna de las consejerías del Gobierno andaluz tras las elecciones de diciembre de 2018. Las competencias que hasta entonces ostentó la extinta Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, fueron repartidas entre las de “Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible“, y “Fomento, Infraestructuras y Ordenación del Territorio“. Ahora, en la última remodelación, de principios de septiembre, las competencias en materia de Cambio Climático y Modelo Energético, se van de la actual Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, a la de Presidencia. Este cambio se justifica para impulsar la Agenda Verde, que dependerá ahora del Presidente de la Junta de Andalucía. No sé si, dada la importancia de la agenda verde, es una buena idea desgajar cambio climático y modelo energético de las políticas de “desarrollo sostenible”, o de las políticas ligadas a la biodiversidad o a la prevención ambiental. ¿No tendría más sentido que todo esto estuviera bajo una misma consejería, se llame como se llame, encargada de la política medioambiental?

Tenga o no sentido, lo cierto es que el trasiego del medioambiente por el organigrama de la Junta de Andalucía en cuanto a coyundas, separaciones y nomenclatura, remeda al cancionero: a la “falsa monea” (que de mano en mano va, y ninguna se la quea), y también a “yo soy esa” (… lo mismo me llaman Carmen, que Lolilla, que Pilar, con lo que quieran llamarme, me tengo que conformar).

La Consejería de Medio Ambiente, como tal, nació el 2 de julio de 1978, y fue enseguida fagocitada, primero por la Consejería de Política Territorial (1982) y después por la de Gobernación. En 1984 pasó a la de Presidencia, en donde se transformó en la Agencia de Medio Ambiente. En 1994, 12 años más tarde, vuelve a reaparecer como Consejería de Medio Ambiente, y lo hace con fuerza, asumiendo en su recorrido las competencias de aguas. En sus 18 años de carrera en solitario, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía llegó a ser un referente entre las administraciones ambientales, siéndolo sobre todo por sus políticas en conservación de la biodiversidad. Sin embargo, a finales de la primera década de este siglo, la administración ambiental andaluza perdió fuelle, quiso vivir de las rentas, pecó de prepotencia y desconectó de la sociedad civil. Algunas remodelaciones desafortunadas y la crisis económica deslucieron su trayectoria y en su unión con Agricultura en 2012 y un año más tarde con Ordenación del Territorio, perdió ambición, nunca volvió a tener una política ambiental decidida y dejó demasiados deberes pendientes. Ahora, con este gobierno volvió con Agricultura transformada en “desarrollo sostenible”, una polémica combinación de palabras abierta a demasiadas interpretaciones.

“La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía llegó a ser un referente entre las administraciones ambientales, siéndolo sobre todo por sus políticas en conservación de la biodiversidad”

Seguramente, a cualquier andaluz preocupado por su patrimonio natural le provoca desazón este trasiego de competencias y denominaciones. Sobre todo, porque da sensación de falta de solidez, y porque se ha demostrado que la eficacia de las políticas medioambientales no mejora con el simple hecho de cambiarle el nombre. Que la política medioambiental se incluya en otras consejerías o que se repartan sus competencias les pone sobre aviso. Quizá porque la eficacia de la administración ambiental andaluza disminuyó cuando no existió como tal o cuando se asoció a Agricultura y después a Ordenación del Territorio. Pero puede ser que estos cambios sean coyunturales: nuevas prioridades, nuevos consejeros, directores generales, la crisis, el coronavirus… Y es cierto además, que lo que cuenta en realidad es el resultado final de la política ambiental en su conjunto, pues la política no se hace sólo con palabras, sino con hechos y presupuestos. De momento, las ambiciones medioambientales de las políticas europeas, nacionales y autonómicas se han visto reforzadas con palabras y, aunque siga faltando ambición, nunca ha habido más compromiso sobre el papel, “solo” falta que se traduzcan en presupuestos y en hechos. La principal lección aprendida de esta pandemia debería ser que la política ha de centrarse en lo importante, en la salud de las personas, en la salud de nuestra tierra, en tomarse el medioambiente mucho más en serio.

“La principal lección aprendida de esta pandemia debería ser que la política ha de centrarse en lo importante, en la salud de las personas, en la salud de nuestra tierra, en tomarse el medioambiente mucho más en serio.”

Enfrentar la política ambiental en Andalucía es y seguirá siendo uno de los principales retos del Gobierno Andaluz. En SEO/BirdLife llevamos más de 60 años trabajando en la conservación del inmenso patrimonio natural andaluz. Se llame como se llame la Consejería, los problemas serán los mismos y siempre trabajaremos al lado de quienes busquen la solución. Sabemos que en una región tan grande y tan diversa los problemas ambientales también lo son y que sólo encuentran solución con la complicidad de todos los andaluces. Así se han conseguido muchos avances, pero quedan retos pendientes y deberemos enfrentar otros nuevos: Doñana, el agua, el litoral andaluz, las renovables, el ocaso de nuestras aves esteparias… y sobre todo, agricultura y medioambiente.

De cualquier modo, el medioambiente, en Andalucía, en España y en la humanidad, debería ser una prioridad para cualquier gobierno que pretenda serlo. Tiene entidad para ser una superconsejería, pero, para su desgracia, a la hora de conformar organigramas, su transversalidad facilita que acabe encajando con las de Agricultura, Ordenación del Territorio, Energía; podría casar perfectamente con Salud y también, por cuestión de prioridad, debería asociarse a Educación. Porque en realidad, que la de Medioambiente se considere una consejería menor que puede ir de segundona con cualquier otra, quizá sólo sea un problema de educación. Porque en la escuela deberían asegurarse de que los ciudadanos, sobre todo los que se vayan a dedicar a la política, no se olviden cada mañana de que el colchón donde han dormido, el móvil que les ha despertado, su desayuno, su coche y hasta la tinta con la que han firmado sus cargos, provienen de los servicios ecosistémicos que nos da la naturaleza. De que no olviden que los recursos que genera Andalucía y la salud y bienestar de los andaluces dependen de nuestro medioambiente. Da igual como quieran llamarlo.

“…en la escuela deberían asegurarse de que los ciudadanos, sobre todo los que se vayan a dedicar a la política, no se olviden cada mañana de que el colchón donde han dormido, el móvil que les ha despertado, su desayuno, su coche y hasta la tinta con la que han firmado sus cargos, provienen de los servicios ecosistémicos que nos da la naturaleza”

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