El antidepresivo Prozac puede dañar a los estorninos - SEO/BirdLife

El antidepresivo Prozac puede dañar a los estorninos

La contaminación de las aguas por fármacos se perfila como una de las líneas de investigación que está arrojando novedosa información sobre los efectos de estas sustancias en la fauna silvestre. Hay estudios que demuestran el efecto de los anticonceptivos humanos en la conducta sexual de los peces; pero un reciente estudio publicado en la revista científica Philosophical Transactions of the Royal Society B, por primera vez revela cómo ciertos medicamentos podrían estar afectando negativamente a la salud de poblaciones enteras de aves.

 

Estornino pinto, la especies estudiada, entre restos de basura orgánica en una ciudad ©Tatavasco Images

Estorninos pintos, la especie protagonista del estudio, entre restos de basura orgánica en una ciudad ©Tatavasco Images

 

Se trata del Prozac, un conocido antidepresivo, que  las aves estudiadas, los estorninos pintos (Sturnus vulgaris), ingieren de manera pasiva a través de las lombrices que comen, ya que estos pájaros tienden a alimentarse en zonas de alcantarillado y desagües, en cuyo lodo encuentran a estos gusanos. En consecuencia, esta ingesta «pasiva» de bajos niveles de Prozac procedente de los desechos humanos (orina) ha alterado sus hábitos alimentarios y su interés en el apareamiento, dicen los expertos.

 

La autora principal del estudio, la doctora Kathryn Arnold, ecolóloga de la Universidad de York, ha explicado que las hembras estudiadas no estaban interesadas en los machos que les presentó durante el estudio: “se sentaban en el medio de la jaula, sin ningún tipo de interés”. Por ello, se preguntó sobre lo que podían contener las aguas residuales donde los pájaros acudían en busca de comida: “Si tomamos una píldora para el dolor de cabeza, por ejemplo, una alta proporción de la misma termina siendo excretada”. A partir de aquí, analizaron los niveles de Prozac presentes en las lombrices que habitaban en dichas aguas residuales: era pequeña, alrededor de 3-5% de la dosis humana promedia, informa el periódico británico The Guardian.

 

Estornino pinto anillado, en una zona urbana ©Jordi Prieto-SEO/BirdLife

Estornino pinto anillado, en una zona urbana ©Jordi Prieto-SEO/BirdLife

 Posteriormente, alimentaron a 24 aves cautivas con esas lombrices, analizando su comportamiento durante seis meses. La sorpresa fue que los pájaros comenzaron a mostrar efectos secundarios similares a los que podían acontecer a los seres humanos que tomaban Prozac.

«El principal hallazgo fue la pérdida de apetito. En comparación con las aves cautivas que no habían ingerido ninguna cantidad de Prozac, comieron menos cantidad de alimento y picaron durante todo el día”, explican los autores. Por ello, concluyeron que estas aves que modificaban sus hábitos podrían tener muchas más dificultades para sobrevivir durante las largas noches de invierno a causa de un déficit en su alimentación. Sin embargo, también concluyeron que el consumo de Prozac en las aves no tiene efectos similares a los de los humanos en relación a su estado de ánimo.

 

 

Bando de estorninos en Inglaterra ©John Holmes/Wickicommons

Bando de estorninos en Inglaterra ©John Holmes/Wickicommons

 

El estudio fue presentado a mediados de octubre en Reino Unido en el progama televisivo Autumnwatch, de la BBC2,  donde su presentador, Chris Packham, explicó que la respuesta a este fenómeno no es nada simple y añadió que «este cambio de comportamiento podría tener un impacto negativo sobre su ecología. Sabemos, además, que hemos perdido 50 millones de estorninos en el Reino Unido desde la década de 1960”. Sin embargo, con todo, los expertos declaran que los resultados del estudio no quieren atacar al consumo de Prozac ni a la gestión de las aguas residuales, sólo que la ciencia “debe ofrecer mejores estimaciones de los riesgos ambientales que plantean los productos farmacéuticos”.

 


 

Referencia:

 

Behavioural and physiological responses of birds to environmentally relevant concentrations of an antidepressant.  2014.  Kathryn E. Arnold et al. Phil. Trans. R. Soc. B.

 doi:10.1098/rstb.2013.0575

 

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